De casa al trabajo (o Crónica larga de un viaje corto)

Tiempo de lectura: 11 minutos (Queda advertido)


Me desperté, como todas las mañanas, a las cinco y cincuenta y cinco de la mañana.

Como todas las mañanas también afeité mi barba, cepillé mis dientes, me bañé, me cambié, tomé un vaso de agua helada, mastiqué un "mentolyptus negro", cargué mis anteojos y mi pendrive en mi mochila.

Preparé en mi bolsillo dos monedas de cincuenta centavos, cuidando que no se tratase de aquellas "extrañas" que no funcionan en las máquinas expendedoras de boletos, y medio paquete de mentolyptus negros (creo que ahora ya no le dicen así sino que los llaman "Halls Strong").

Salí al hall del piso y encendí mi teléfono móvil que soltó su bienvenida: "-Hoy puede ser un gran día" leí en la pantalla.

Llamé al ascensor.

Otra vez.

Una vez mas...

Tal parece no funcionaba pero no eran horas de andar hostigando al portero. Perdón, al "encargado".

Bajé a oscuras todos los pisos cuando, llegando al primero, el ascensor se puso en funcionamiento.

"-Mala suerte" me dije, pero bajar no fue tan grave. Peor hubiera sido subir.

Puse la llave en la puerta de salida y la giré. Corrijo, "intenté" girarla... Pero no giraba.

Entonces me di cuenta que la llave que había puesto no era la del edificio sino la de la casa de mi abuela que es del mismo estilo, "llaves computadas" le dicen los cerrajeros.

La soslayé un par de veces, la saqué y puse la correcta. Abrió.

Salí con el paso un tanto apurado. Era muy temprano para que el termómetro marcara veintiséis grados de temperatura. La transpiración se hizo presente a los veinte metros de trayecto.

Sólo tres cuadras son las que debo recorrer para llegar a la parada del colectivo. Pero igual debo atravesar dos cruces de avenidas en el breve trayecto.

El primer cruce resulta siempre problemático porque a la misma hora en que yo transito por allí, un camión de La Serenísima (o Mastellone Hnos.), generalmente el "Móvil 751", se encuentra descargando mercadería en el supermercado Coto.

Para llevar a cabo la descarga, y que esta no resulte traumática para los muchachos del camión, estacionan el enorme vehículo en la ochava misma, sobre la senda peatonal y negando la visualización del semáforo de cruce.

Esto obliga a que quienes intentamos cruzar ésa avenida debamos caminar por la mitad de la otra avenida (que la cruza) a contramano del tránsito y exponiéndonos a que un ciento sesenta y ocho nos estampe contra su frontal fuselaje.

Todos los días juro que me voy a quejar con la empresa pero lo hice sólo una vez. Jamás me contestaron pero durante los tres días subsiguientes a mi reclamo estacionaron bien...

Sorteado al primer cruce me dirigí raudo hacia mi cercano destino.

Intenté cruzar rápido en el otro cruce de avenidas porque de la otra mano estaba parado el colectivo que me traslada a diario al trabajo.

El semáforo peatonal estaba de mi parte exhibiendo el "hombrecito blanco".

Pero un colectivo de la línea veintinueve que doblaba no y, cruzando con luz roja, giró a la derecha como apuntándome.

Juré que le iba a enviar un reclamo a la empresa quejándome de la actitud homicida de su chofer.

Otro juramento en falso y van...

El colectivo que intenté tomar arrancó y se fue a pesar de todas las señas que le hice para que me esperara un segundo. Ése semáforo destina muy poco tiempo al cruce peatonal y siempre ocurre que ése ápice temporal se consume durante la perpetración de un delito de tránsito repetido: un colectivo que dobla haciendo caso omiso a la luz roja.

Esperé con paciencia al próximo, que no demoró mucho en llegar.

Luego de expresar/desear "Buenos Días" al chofer le solicité el boleto de un peso, que es el mas caro para viajes dentro de la ciudad (y el colectivo en cuestión no viaja a provincia), pero aún así me preguntó hasta dónde viajaba.

"-Te pedí de un peso igual" le dije como aquél que indica que su destino no tiene importancia y que de ninguna manera, al pagar el boleto mas alto, él o su empresa podrían perder rentabilidad.

"-Si. Si. Pero ¿hasta dónde vas?"

"-Hasta Corrientes."

Y marcó en la máquina un boleto de... Un peso.

Me senté en uno de los ocho últimos asientos disponibles, que eran estos que enfrentan a los pasajeros de dos en dos y siempre son los últimos en ocuparse, dando la espalda a la dirección en que iba el vehículo.

A las tres cuadras el colectivo se detuvo para recibir a todos los pasajeros del colectivo que no me quiso esperar tres cuadras atrás y cinco minutos antes. Juro que yo no fui, no lancé maldición ni utilicé conjuro alguno para que esto suceda.

Muy pocas personas del contingente lograron sentarse. Sólo cinco de ellos y en estos asientos "a contramano". De seguro venían todos bien sentados en el otro colectivo así que las caras largas y sofiones fueron casi unánimes.

Un muchacho de gorrita, pantalones pescadores, remera de básquet con un número gigante en la pechera, zapatillas del estilo "ciencia ficción" y tatuajes poco profesionales en tobillos y muñecas se sentó a mi lado pero “pasillo de por medio”, dejando a su novia/amiga/lo-que-fuera del lado de la ventanilla.

No pude ver muy exactamente a la chica pero sí que tenía una minifalda de jeans bastante corta y un escote bastante grande.

Directamente enfrentados con la "parejita" se sentaron un señor de unos setenta con una tintura renegrida, "color tordo" y un muchacho de unos veintipico con jeans, chomba blanca, anteojos, mochila y auriculares. Este último directamente enfrentado a la chica...

Tal parece que el muchacho no pudo evitar que su vista se posara, intermitentemente, en el escote de ella unas veces, y en su falda otras.

El de la gorrita posó la suya en los ojos de él buscando, sin éxito, cruzar sus miradas.

Y así estuvo todo el viaje, con ojos que evidenciaban intenciones homicidas y que no cejaron en su intento de cruzarse a los otros ojitos timoratos a pesar de que su compañera le hablara empujándole su muslo como quien dice: "-Dejá..."

Y el muchacho, advertido y "apichonado" por la situación, bajó su vista, repasó un libro que sacó de su mochila... Pero cada tanto "se le escapaba" una mirada allí, adónde no tenía que mirar...

El colectivo se detuvo en Constitución y quien estaba frente a mi abrió la ventanilla hasta límites insospechados, asomó medio torso hacia afuera y gritó algo en un idioma tan inconfundible como ininteligible para mi como es el guaraní.

El vendedor le acercó una bolsa con chipá al tiempo que el colectivo arrancaba. El comprador no alcanzó a pagar así que, preocupado por quedar como un moroso, le gritó al chofer para que se detuviera. Pero el chofer no hizo caso. Seguramente porque no lo entendió ya que este buen hombre, de seguro sin darse cuenta, nunca había dejado de expresarse en guaraní...

Al rato estábamos los cuatro "enfrentados", por la gracia del "vanguardismo carrocero", sacudiéndonos miguitas del chipá que devoraba el guaraní (probablemente paragüayo), por lo que pude advertir que la manufactura del panificado no era muy buena que digamos.

Continuando con el recorrido, nos adentramos en una de tantas "zonas rojas" de nuestra ciudad por lo que pude advertir varias situaciones de "negociación" entre gente que por allí pasaba (o que iba expresamente a por ello) y profesionales del sexo.

De pronto se escucha una fuerte discusión entre una señora y el chofer. La señora le reclamaba impericia al volante a la voz de "-¡¿Te creés que llevás ganado?!" mientras que el chofer sólo intentaba a viva e imperativa voz callarla: "-¡¡CÁLLESE DE UNA VEZ!!"

A la altura de la calle Estados Unidos no puedo resistirme a observar una imagen que se repite todos los días: El canillita que está "asignado" en esa intersección para la venta de diarios y revistas es un personaje muy peculiar y llama, necesariamente, la atención de todo buen observador.

El tipo se "refugia" en una suerte de recova que tiene un edificio de una de las esquinas y allí se queda muy ancho a leer tranquilamente los diarios, aquellos que se supone debería estar vendiendo acercándose una y otra vez a los vehículos que allí se detienen.

Pero hasta aquí la actitud del fulano. Su forma de vestir es mas llamativa aún: Extrañas remeras de mangas tres cuartos y escotes “en ve”, pantalón corto (corto sí, ni siquiera bermudas), zapatos de obra (tipo botines de operario de fábrica) y medias de lana largas, casi hasta sus rodillas...

Antes de llegar a la calle Alsina observo cómo recién salen de una noche de juerga los concurrentes a un "bar cerrado" que hay por allí, uno que no tiene ventanas y cuya puerta negra metálica sólo se abre a altas y tempranas horas para la entrada y salida de sus clientes que, totalmente borrachos, demoran en su salida matutina dejando escapar del recinto ritmos de salsa a volumen estridente.

Un par de cuadras mas y una panadería especializada en medialunas comienza su reparto hacia varios bares y confiterías de la ciudad, que encargan allí sus delicias de grasa y de manteca.

Pero el proceso de carga resulta a diario accidentado. Mas de tres son las bicicletas que observo partir con canastas gigantes colmadas de las tradicionales facturas. Pero muchas de ellas, por la desmesurada estiba, caen una y otra vez sobre acera y calzada. Y una y otra vez son recogidas y vueltas a poner sobre la pila, que tiene por destino final acompañar los desayunos de los oficinistas de Congreso, Tribunales y aledaños.

Pero eso no es todo ya que una vez encaminadas sobre sus canastas, reciben todo el hollín que las bombas inyectoras carentes de mantenimiento de los vehículos diesel de las empresas de transporte escupen por sus caños de escape.

Un hombre mayor toca el timbre. Otra vez. Y una vez mas…

La ironía del chofer no se hace esperar: “-¿Querés llevártelo para tu casa viejo?” El hombre no entiende bien o no escucha bien. O las dos cosas. Mira a otro señor parado y le dice: “-No entendí lo que dijo. Igual yo no voy a casa ahora, voy a trabajar.”

Me invade súbitamente un pensamiento matemático que me hace calcular la edad del hombre y razonar a la vez por qué razón debe de seguir trabajando a estas alturas de su vida.

El pensamiento se esfuma rápidamente, junto con el razonamiento. Es que avisté la mítica avenida. Aquella que nace en Alem y Madero y termina, como muchos de los que habitan esta gran ciudad, en La Chacarita.

Llegó mi parada. Debo levantarme y bajar. Y lo hago.

Mientras transito los doscientos metros, y dos escaleras, que separan la parada de mi destino laboral agradezco no haberme quedado dormido contra una ventanilla como muchas otras veces.

Un viaje de rutina puede resultar un viaje único en la medida en que uno se detenga a observar y prestar atención a los pequeños detalles.



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14 comentarios:

Cale dijo...

No dejo de sorprenderme por el grado de lucidez que tiene usté, don Rapo, a las 6 de la mañana para fijarse en todos esos detalles, vea.
Probablemente sea por las Mentolyptus negras, que son capaces de abrir hasta lo mas recóndito de nuestro ser... :)
Ni Roberto Arlt pudo haberlo descripto mejor el trayecto...(bueno, por ahí Arlt si, pero haga de cuenta que no...)

Rapote dijo...

Las mentolyptus negras me espabilan mas que cualquier café vea (y son mas rápidas de ingerir y no necesitan preparación).

¡Roberto Arlt!

Por supuesto que "hago de cuenta que no" al tiempo que me agrando como bay-biscuit en la leche.

Saludos y gracias por "animarse" a leer (que el "tiempo de lectura" es tirano y, ya ve, no hubo mas lectores que Ud.).
Rapote

Fla-q dijo...

Rapote, le admiro la prosa amanecida.
Qué espera para sacarle una foto al camnión de Mastellone?
Mándela que en 30 segundos le armamos un escrache blogásico de dimensiones.
¡Qué lindo es Constitución de madrugada! Otro planeta, mesmamente.

Cale: Sepa que Rapote está así de espabilado a la madrugada porque vive en un auténtico barrio de guapos, a donde no se puede pestañear siquiera.
No como algunos que conozco, que padecen la primera hipoxia de la mañana entre Los Incas y F. Lacroze y cuya producción literaria es cuasi lisérgica. =D

Rapote dijo...

¡Salud fla-q!

Es muy cierto que vivo en un tradicional barrio de guapos.

Pero le cuento que me crié en uno en donde el menos guapo de todos le daba diez vueltas al mas guapo de acá (véase "bandera barrial" casi al final del Blog).

Muchas gracias por elogiar mi prosa y por visitarnos.

Saludos,
Rapote

ALE LAVALLE dijo...

HOLA RAPOTE, GROSO TU BLOG. ME ENCANTA LA MANERA DE ESCRIBIR. YO LABURO EN MEDIOS Y CREO Q VOS TAMBIEN. LOS VIAJES EN BONDI SON MEMORABLES Y UN ZOO INIGUALABLE.

GRACIAS X AGREGAR MI BLOG

ABRAZO

Rapote dijo...

Gracias por pasar Ale.

No, no laburo en medios.

Un abrazo,
Rapote

El Cuidador del Zoo dijo...

Hola mongoloide. No entro jamas a mi blog, pero te puse una listita para que veas mis peliculas.

Muy bueno su blog, espectacular, ¿de que trata?.

Saludos!

PD: Haga urgente un curso de literatura por internet, yo diria mas bien, algo gramatical.

Rapote dijo...

¿Y Ud. los dicta?

¿Y sabe que después de un "?" no va un "."?

¿Y sabe que si su "Saludos" terminó con "!" debió empezar con un "¡"?

¿Mongoloide? Ud. debería tomar un curso de buenos modales por internet.

Mi Blog no trata de nada. ¿O no sabe leer? Arriba dice bien clarito: "Atemático". ¿Sabe lo que significa?

En cambio el suyo tiene una tendencia inequívoca: Ud. escribe para que unos cuantos le festejen su prosa malsonante, y para los que no comparten su punto de vista se reserva apelativos como "mongoloide" y otros tantos, siempre peyorativos.

Además pude comprobar que suprime comentarios como buen fascista (que se autoproclama "anarquista" además) que es.

Venga y exprésese libremente aquí. No se le borrará ni una coma. Ud. es un ejemplo de que los de su calaña existen así que lo peor que se puede hacer es borrar sus comentarios.

A gente como Ud. no hay que ocultarla sino exhibirla.

Siga con lo suyo. Muy bueno su retrato.

Saludos,
Rapote

tan versátil como acústica dijo...

comentaría, pero noté que interrumpía una jugosa pelea...

tan versátil como acústica dijo...

¡qué buena idea la del tiempo de lectura!, ejem... (si hiciera macaquitos uno tosería).

Araña Patagonica dijo...

Excelente postal de una mañana en tu ciudad..

Yo vivo cosas parecidas, desde el punto de vista de llegar en colectivo a mi trabajo.

Saludos y suerte con el camión..

Rapote dijo...

Versátil & Acústica: Comente que no era ni jugosa ni discusión...

Araña: Lo del camión es algo ya crónico con lo que, aunque no debiera, me estoy acostumbrando a vivir...

Fla-q (con atraso): Es que le saqué fotos y lo mandé a La Serenísima. Pero desde que mandé las fotos mandan al camión 751 (el fotografiado y que siempre venía era el 346).

O sea que si mando ahora las del 751 luego mandarán a otro, que seguramente tendrá las mismas mañas.

Veremos...

Chango Glamour dijo...

jaja muy bueno. Siempre observo estas cosas en los bondis y el subte. Debe estar en los genes porque mi viejo era colectivero. Algún día haré un post sobre las historias que me contaba, muchas seguramente producto de su imaginación o de la de sus compañeros de la línea 39.
Abrazo

Rapote dijo...

Chango: ¿De la línea 39?

El mundo es un pañuelo che.

Esta nota relata un viaje transcurrido en un colectivo de la mismísima línea 39. Sí, si.

Saludos y gracias por pasar,
Rapote