¡Listo el pollo!

Hace rato que sostengo que los pollos no son lo que eran. Me refiero al pollo como animal de consumo claro, a su carne.

Cuando era chico, mi abuela solía tener algunos pollos en el fondo de casa. Y eran para consumo por supuesto. Cazaba con sus manos al animal y le daba muerte retorciéndole el pescuezo. Luego, lo preparaba y cocinaba.

El sabor de aquella carne dista mucho, muchísimo, del ¿sabor? de la ¿carne? de los pollos que hoy compramos en carnicerías, granjas o supermercados.

Los pollos se "crian" -si vale el término ya que considero que lo que hacen es bastante más nefasto- en lugares en los que permanecen hacinados, sin capacidad como para dar -justamente- ni siquiera "un tranco e' pollo". Allí se los deja las 24 horas con las luces encendidas como para que los pollos, que no tienen reloj, coman durante todo el día pensando que la noche no llega. Arriba de todo esto, se les administra hormonas...

¿Qué podemos pretender entonces de estos pollos? Grandes, blancos, desangrados, fofos sin una mínima proporción de músculo o fibra...

No tienen sabor. O mejor aún, tienen feo sabor. Porque uno los pone al horno en una asadera y, a pesar de haberle quitado la piel y la grasa visible antes de cocinarlos, se encuentra al poco tiempo con que están "fritos al horno". Pero... Si no les pusimos aceite... ¿De dónde salió toda esta grasa? Y si... Del interior de esa carne esclerosada.

Recuerdo que, años más tarde, teníamos por costumbre ir al campo por distintos motivos. En Magdalena (Pcia. de Bs. As.) por ejemplo, a la hora del almuerzo no dudábamos en pedirle a Don Godoy -puestero amigo- que nos matara un par de pollos. Los hacíamos en un disco de arado montado sobre un trípode. La carne era fibrosa y... ¡Tenía color! ¡Y sangre! No como estos pollos que parecen bloques mortecinos.

Pero lo peor del caso son los derivados de pollo. "Patitas", "formitas", medallones, etc. etc. etc...

O sea... Rezagos y desechos de pollo procesados y rebozados... Lo triste es que muchos de estos "productos" tienen por destino "alimentar" a nuestros hijos...

¡Por favor! ¡No le den de comer estas porquerías a sus hijos!

Y si quieren ir más lejos, no coman pollo en ninguna de sus variantes. Para que sepan los "productores" que no es lo que queremos, que nos gustaba el pollo de antaño...

Y si quieren ir más lejos todavía, bueno... No sé. Se van a Magdalena por ejemplo...

2 comentarios:

Mona Loca dijo...

Fíjese que yo no tengo esa percepción.
Debe de ser porque soy una mona de ciudad.


Pero lo que sí le puedo comentar es que la pediatra me sugirió que casi elimine el pollo de la dieta de la nena ( la mediana) porque estaba demasiado desarrollada para su edad y ella lo adjudicó al pollo.

Igual, le pregunté a otra madre con hija en la misma situación y el pediatra de la otra nena le dijo que nada que ver.

Cada maestrito con su librito.


Lo que sí es seguro que eso que hacen con los pollos es maltrato animal.


beso

Rapote dijo...

Mirá, muy bueno no debe ser esto de comer "ésos" pollos.

Yo, trato de no comerlos. Por todo lo expuesto.

Ni su sabor -o ausencia del mismo- ni mucho menos las angustias por las que estos pollos pasan me atraen a la hora de decidir por su ingesta.

¡Salud!
;) Rapote