Crónica de un domingo olvidable

Un domingo singular. Ni peor ni mejor, distinto. Aunque recapitulando, y al recrear añejos domingos, concluyo por decir que se trata de uno de los peores…

Tal vez por la lluvia pertinaz, implacable. O por la resaca que sacudió mis sesos como un gong de diámetro infrecuente…

¿O fue por caso la soledad en la que me sorprendió sumergido? No… Seguramente que no, hace rato –al menos para lo que yo mensuro como “rato”- que caí víctima de sus embates sin que lograran empujarme, como hoy, hacia este descenso cuasi infernal, dantesco.

A media mañana –es decir a pocas horas de acostarme- desperté con las cervicales magulladas, la cabeza latiendo, como si el contenido craneano presionara los huesos parietales y frontal tratando denodadamente de que estos cedieran para volar por los aires y escapar lejos del cuerpo que lo castigó toda la noche con cerveza, vino, champagne, whisky, tabaco de hoja y otros (muchos) estímulos…

Una ducha fría pensé… Y mientras atravesaba el largo patio de mi casa, exponiéndome a las heladas gotas de lluvia casi ‘agua-nieve’ que caían lentas y silenciosas, maldije en voz alta al constructor que por los años ’50 pergeñó estos diseños “tipo chorizo” que obligan y condenan a estos padecimientos para algo tan pueril y cotidiano como resulta ir hasta el baño.

Entonces al plan de ‘ducha fría’ lo liberé de adjetivo. Y lo condimenté con Paracetamol, Ibuprofeno, Dipirona y Cafeína por un lado –intentando combatir todas las causales del dolor de cabeza- y Diclofenac y Pridinol –buscando con estos mitigar el dolor cervical con un analgésico y un mio-relajante muscular- por otro. Bebí estas cuatro pastillas (algunas drogas estaban combinadas en un mismo comprimido) de una vez con una taza de té que hice con tres saquitos de tilo…

Fue una hora difícil esta que me llevó de las nueve a las diez de la mañana. Mientras busqué amparo en el cóctel mencionado me planteé duramente si debía acudir al uso indiscriminado de fármacos, justo yo que siempre me alineo en contra de su utilización, apelo a lo natural y enarbolo la bandera de “la convivencia con el dolor” como cura inapreciable y alimento esencial para fortalecer el alma…

De nuevo en mi habitación, encerrado en mi perfecto cubo de madera de casi cinco metros cúbicos, abandoné mis cavilaciones y dejé de filosofar con la imagen del espejo para echar mano de una latita de “pomada china” que compré una vez para mofarme de uso -y su pretenciosa premisa de que todo lo cura- en una entrada de blog. Llené de pomada las yemas de mis índices y comencé a frotar lentamente mis sienes… De allí, vuelta a la cama, acomodé como pude mi cuello en un pequeño gusano que fabriqué con una almohada chica y allí quedé, boca arriba, las manos yertas en cruz tal el pesimismo del momento en que pensé ahorrar trabajo al que me encontrase más luego allí postrado…

No recuerdo nada más. Sólo que de pronto tuve a mi perro intentando destrozar la puerta –una de tantas que da al patio- para dar caza a inalcanzables gatos que metían bulla varias casas de por medio. El reloj marcaba las dos de la tarde.

Me levanté casi en las mismas condiciones en las que me había acostado. Pero con cada movimiento sentí que las fuerzas volvían a inflamar mis músculos, que la bruma iba desalojando el interior de mi cabeza.

Casi como automatizado preparé mi mate amargo, compañero fiel e irremplazable, mientras pensé que el día no resultaba muy auspicioso y que lo mejor que le podía pasar a este domingo se llamaba “Lunes”

En mi constante debate interior evalué seriamente si correspondía o no almorzar, considerando que para ello debía ponerme a cocinar primero. Y una nueva lucha interna convulsionó mis pareceres por eternos tres minutos tras los que decidí comer algo.

Hurgando en la batea de las carnes encontré un solomillo, que puse dentro de un papel de aluminio nadando en mostaza con un poco de “locoto”, “ají-no-moto”, albahaca fresca y miel. Mientras en el horno y a fuego muy lento se iba cociendo la carne de cerdo, herví unas papas con las que luego preparé un puré con manteca, nuez moscada, pimienta negra y pasas de uva.

Cocinar me relaja, es algo que tengo muy claro. Y mezclar sabores, improvisando en el momento, me alimenta el ego. Destruye por interminables momentos la frustración de no haberme dedicado a la cocina. Luego caigo en el lugar de siempre, en un nuevo debate que termina recurrentemente en que no cocino por y para los demás -salvo que a ellos les guste lo mismo que a mi- sino para mi mismo, que sería incapaz de cocinar algo que no me gusta.

De pronto, y casi coincidiendo con el momento de servir mi unipersonal mesa, me doy cuenta que –al menos en mi valoración- acababa de hacer un plato interesante pero no terminaba de vencer a una resaca insistente y molesta…

¿Con qué bebida acompañar? ¡Mierda! Si debí haber hecho unas milanesas insulsas sin acompañamiento para meterlas entre pan y acompañar con bebida cola…

“-Cada cual muere a su modo…” me dije, y resigné la apertura de un Cabernet por un Malbec –cepa que menos me agrada- en virtud de su suavidad para tan delicado momento.

Cuando uno está solo las agujas se tornan caprichosas. Y se mueven vertiginosamente o se aquietan y apoltronan, sin término medio. Hoy quería que avanzaran, pero no lo hicieron.

Las tres de la tarde… Nada parece mejorar este domingo…

Allí pensé que Internet era mi tabla de salvación… Con un café colombiano que preparé sin filtro y una reserva de dos termos de agua caliente para seguir luego mateando, me apostillé en mi silla a repasar mis blogs, decidido a visitar y comentar los blogs que siempre leo.

Mi cabeza estaba desinflamada ya, no había presión en las paredes de sus huesos.

Mi perro me quitó un rato de la posición que había decidido ocupar las próximas -varias- horas. Es que tenía hambre claro. Alcanzó su cuenco de comida vacío hasta mis pies, sollozante…

Una vez satisfechos los pedidos del can, pensé “-Ahora sí…” y allí me senté, otra vez.

De pronto hubo un pitido estridente, varios artefactos eléctricos y electrónicos se hicieron escuchar a la vez que las luces se ponían de un rojo mortecino y la computadora pareció morir… La baja tensión que se produjo, súbitamente, había dispuesto apagar todos los aparatos con protección eléctrica y dejar a su ventura a los más pretéritos sufriendo la angustia de que mi mano llegara pronta a desenchufarlos…

“-¡Genial!” exclamé con ironía al pensar que el universo se ponía en mi contra. Un nuevo debate intestino puso luz sobre esta oscuridad haciéndome notar que ojalá la gravedad de mis futuros problemas no fuera superior a la transitada en el día de la fecha…

Utilizando mis dedos como palillos de un tambor me puse a observar un televisor apagado resumiendo cuántas cosas son imposibles sin energía eléctrica… Que es necesario un teléfono que no sea inalámbrico, un artefacto de calefacción basado en gas, mantener las baterías cargadas de celulares, cámaras, linternas… ¡Computadoras portátiles! “-¡Eureka!” grité jubiloso haciendo mover a Pancho -el can de marras- su vista y orejas desde su descanso esbozando su asombro…

Así apuré el paso hasta mi netbook –que sí estaba con su batería completa- y me puse a escribir esto. Off-line por supuesto, pensando que en cuanto volviese la luz subiría esto a mi blog.

Con nada más que aquello volvió el alma a mi cuerpo, sentí cómo la desazón se esfumó al tiempo que la resaca me abandonó por completo.

La casa estaba fría, a la espera de que el equipo de aire acondicionado volviera a templarla.

Mi nuevo ‘autodebate’ tomó camino hacia la relevancia desmedida que tiene en mi vida Internet cuando en realidad algo me sacudió vociferando que todo esto se trató de otra cosa…

Hace rato que no escribía nada. Me lo estaba debiendo...

13 comentarios:

Fla-q dijo...

Enhorabuena su resaca y falta de energía, entonces Rapote. Porque le quedó un post de lo más redondito.

Me debe uno sobre la correcta utilización del locoto. Lo tengo en la heladera como al misterio de la vida...
Abrazo!

El Gaucho Santillán dijo...

Bueno, mirà, un domingo asì, hay que dormirlo de cabo a rabo.

Todo està perdido y no se pude hacer nada al respecto.

Al "Locoto", no solo lo conozco, sino que llevè plantas al Chaco, y ahora es medio plaga. Que picante!!

Bien escrito.

Un abrazo.

Petardo Contreras dijo...

Seguís vivo después de toda la osadía?
Seguís en tus cabales?

Y como te habrá quedado el toto después del locoto!

Salute!

MariaCe dijo...

Qué lindo. Hace rato que no leía posts "personales", que son los que más me gustan (y sí, soy chismosa).

:D

Nick dijo...

Ahh pero la pasaste re bien!!!

Confieso que cada tanto me saltee unas lineas pero las que leí me engustaron

leandro molins dijo...

una resaca y si esos dias suelen ser bienvenidos por mi, aunque ir a trabajar asi es mas pesado.
Escribis bien no me decepcionaste, yo me preguntaba y como escribira este gordo?, disculpame que no ponga el filtro social, y la verdad que lo haces bien, ademas elegiste una version muy detallada al estilo costumbrista por que la situacion no daba para escribirlo de otra forma.

Julieta dijo...

Muy bueno lo que escribiste a pesar de tu resaca.Me agrada ver que detrás de un bloggero hay una vida,con sus alegrías y tristezas y que no tenés empacho en compartirla con los que te leemos..Saludos

Rapote dijo...

Fla-q:
Muchas gracias... Le cuento que yo uso "locoto en polvo"...

Lamento desilusionarla pero conocí esta variante en Bolivia y resultó 'un viaje de ida' en cuanto a acompañar carnes -de cualquier grupo o factor- y hasta lo utilizo en algunas sopas y pastas...

Pídaselo a su boliviano vendefruta amigo. ;)

Gaucho:
¡Picante pero gustoso! Gracias amigazo. La gente del Chaco... ¿lo idolatra o lo quiere cagar a piedrazos?

Petardo:
No, no. Todo bien. Hay que usar medidas justas para evitar problemas en el caño de escape...

MariaCe:
Me alegro te haya gustado, y te que te hayas puesto al día, jeje.

Nick:
Vos 'cocinás' los posts 'salteándolos' primero entonces... Me alegro que te haya gustado así salteadito.

Molins:
Se agradece. Ahora... ¿Nunca habías leído nada? Originalmente mis entradas eran exclusivamente escritas. Después di paso a una etapa bastante audiovisual.

De todas formas en mi Sitio de Boxeo sigo escribiendo aunque, claro, haciendo crónica y análisis del Noble Arte.

Ojo que este "Gordo" practicó (y practica ahora aunque a cuentagotas) mucho deporte y ya probó las mieles de un cuerpo consagrado al entrenamiento...

Me quedo con esta etapa de bon vivant amigo... Me sobra paño para seguir rindiendo físicamente y mi sobrepeso es toda la ventaja que puedo dar a mis oponentes... antes de aplastarlos. ;)

Julieta:
Muchísimas gracias. Intenté descubrir un blog detrás de la comentarista pero veo que no, que no hay... ¿Para cuándo? ¡Animate!

Para eso estamos los bloggers viejos además, para ayudar a los nuevos.

¡Salud! Muchas gracias a tod@s por pasar y comentar.
;) Rapote

leandro molins dijo...

jajajaja que te ibas a salir de la vaina con lo de gordo era tan predecible..., nexus 6, ja!, estaba en tu diseño en la corporacion tyrell, ya sabia que escribias con mucha habilidad, fijense en el from srping me la respuesta a que hace si ve una tortuga dada vuelta..., jajajaja.
En ko12, no gracias, me hice fan igual de onda no de careta, viste lo que es mi facebook..., al gaucho decile el si mira boxeo, pasa que anda siempre buscando y se cuelga, mejor no hablo lo mio pasa mas por buscar la traquea y apretar con el pulgar, no es muy deportivo.

Eso lo de julieta es asi, por que te lee, te comenta, pero vos tenes que andar preguntandole el signo, por que no tiene blog. Esta bien, por ahi le gusta asi, si te pones a pensar no esta mal, fijate que podrias entrar a muchos mas blogs por que no andarias pensando si te lee o te comenta o te pone un link.
Eh?, viste no soy todo chiste. A veces me pongo romuliano.

Milenius dijo...

Rapote: juro haber escrito un comentario esta mañana... :( y no ta...

Decía que bien valió la licencia que te tomaste, porque hiciste un excelente relato...

Y lo difícil que es "volver a las fuentes" cuando se trata de vivir sin energía eléctrica, por ejemplo...

Besos!

Gla dijo...

Lo del Malbec no lo entendí...¿Cura la resaca?
Me ha pasado que hay días, domingos o cualquier otro (pero en domingo resulta más chocante)en que todo el Universo conspira contra mí...
Y mimarse un poco a veces es una buena receta...
Y sí, mi notebook también tiene ese efecto "sanador" en mí, y obviamente mis amigos virtuales son la mejor medicina.

Rapote dijo...

Leandro:
Nunca hubiera recogido el guante. Pero sabía que vos esperabas que me saliera de la vaina y no quise negarte el gusto... ;)

Mile:
Leí tu comentario, pasa que lo hiciste en la entrada que sigue a esta, jejeje... ¡Gracias!

Gla:
No, definitivamente ningún vino cura la resaca. Pero entre el Cabernet -mi cepa favorita- y el Malbec hay una diferencia de intensidad importante.

Entonces opté por el citado, mucho más suave.

¡Salud!
;) Rapote

Milenius dijo...

juas, qué nabonga soy.