Tribulación desbocada

Otro intento de soneto mal madrugado, que surgió casi espontáneo una mañana. Demasiado temprano era como para escribir...

Desayuno un mar de dudas
en la sal de tu figura
poniendo coto a esta hambruna
que no para de ladrar.

La indiferencia de un niño,
el vuelo corto de un ave,
las horas que se me caen
sin poderlas atrapar.

Encuentro al fin mi armadura
y en un rapto, así, inspirado,
esquivando un sol que apura...

Aborreciendo este mal,
sin importarme la hondura
espero el fin del final.

1 comentarios:

El Gaucho Santillán dijo...

Me gusta, pero esperar el "fin del final", me huele a "calma desesperaciòn".

Mirà que la vida da sorpresas, che.

Un abrazo.